Muchos leemos el libro del Éxodo como una simple epopeya de liberación política. Sin embargo, para los autores bíblicos, la salida de Egipto era mucho más que el escape de un pueblo oprimido: era un acto de re-creación cósmica. Si Génesis nos cuenta cómo Dios trajo orden al caos original, Éxodo nos narra cómo Dios interviene en un mundo que ha vuelto a corromperse para restaurar Su diseño.

Con este artículo iniciamos una serie de cuatro entregas, en la que exploraremos cómo la salida de Egipto no fue solo un evento histórico, sino una «re-creación» del cosmos donde Dios restaura Su pacto original y prepara el escenario para Su reino definitivo. ¡Acompáñanos en este recorrido por la imaginería y la teología bíblica!

La Biblia no es solo relato, es imaginería

Los lectores modernos a menudo ignoramos que la Biblia es una obra maestra de imaginería, es decir, el uso de imágenes (objetos, elementos de la naturaleza o de la geografía) como símbolos visuales para comunicar verdades espirituales y conectar diferentes historias entre sí. En la literatura antigua, ciertos elementos no son solo escenografía; son símbolos cargados de significado que conectan toda la Escritura a través de un mismo lenguaje visual:

  • Las aguas: Especialmente las aguas del mar, representan el caos y las fuerzas que se oponen a la vida.
  • El viento: Es el aliento de Dios, Su presencia activa que pone orden.
  • La tierra seca: Es el espacio sagrado donde la vida es posible y donde Dios se encuentra con el hombre.

Israel como el «cosmos» de Dios

Para entender por qué el éxodo es una re-creación, debemos comprender que, en el lenguaje bíblico, el pueblo del pacto es equiparado con la creación misma. La salud del pacto, es decir, la vida del pueblo de Dios caminando bajo el orden de Dios, determina el estado del mundo.

Un ejemplo fascinante lo encontramos en el Cántico de Moisés (Deut. 32), donde al dirigirse a la nación de Israel, exclama: «Presten atención, oh cielos, y déjenme hablar; y oiga la tierra las palabras de mi boca» (Deut. 32:1). Para Moisés, hablarle a Israel es hablarle a los «cielos y la tierra» del pacto.

Por el contrario, cuando Israel viola el pacto y vuelve al pecado, los profetas describen la situación como un retorno al caos de Génesis 1:2. Jeremías, al ver el juicio sobre Israel, utiliza un lenguaje aterrador:

«Miré a la tierra, y estaba sin orden y vacía;
y a los cielos, y no tenían luz» (Jer. 4:23).

El pacto: el hilo que nunca se rompió

Un punto crucial en la teología bíblica es que el trato de Dios con Israel no es un «Plan B». Cuando el texto dice que «Dios oyó su gemido y se acordó de Su pacto» (Éx. 2:24), no es que lo hubiera olvidado, es que el tiempo de la formalización había llegado.

Debemos recordar que el pacto de Dios es uno solo. Inició con Adán en el Edén y, aunque el hombre falló, Dios no canceló el proyecto. Los profetas son explícitos al conectar a Israel con el primer hombre. Oseas dice: «Pero ellos, como Adán, han transgredido el pacto; allí me han traicionado» (Os. 6:7). E Isaías recuerda, en una clara alusión a Adán: «Tu primer padre pecó, y tus voceros se rebelaron contra Mí» (Is. 43:27).

Al rescatar a Israel de Egipto, Dios está rescatando al custodio de Su ley y de Su promesa. Israel no es un invento nuevo; es la nación llamada a ejercer el sacerdocio que Adán abandonó, siendo restaurada bajo el mismo diseño de pacto original.

El viento, el mar y la nueva tierra seca

El paralelo más impresionante entre el éxodo y la creación original ocurre en el clímax de la liberación: el paso del Mar Rojo. Nota cómo la imaginería bíblica une Génesis con Éxodo:

  1. El Espíritu/viento: Así como el Espíritu de Dios (heb. ruaj) se movía sobre las aguas en Génesis 1:2, Dios envió un «fuerte viento del este» (heb. ruaj) para dividir las aguas del mar.
  2. La tierra seca: En la creación (Gén. 1:9-10), Dios hizo aparecer la «tierra seca» (heb. yabbashah). En Éxodo 14:21, se usa exactamente la misma palabra: Israel pasa por en medio de las aguas en tierra seca (heb. yabbashah).

Conclusión: el nacimiento de una nueva humanidad

Israel emergiendo del mar no es solo un milagro de logística; es un bautismo nacional (cf. 1 Cor. 10:2). Al salir de las aguas, Israel pisa una «nueva tierra» como un nuevo Adán corporativo. Han dejado atrás el sistema caótico y muerto de Egipto para entrar en una realidad donde la presencia de Dios vuelve a caminar con el hombre. El éxodo es la prueba de que Dios es experto en tomar el caos y convertirlo, una vez más, en Su santuario.

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